Versículo del día
No juzguéis, para que Dios no os juzgue; porque Dios os juzgará del mismo modo que vosotros hayáis juzgado y os medirá con la medida con que hayáis medido a los demás.
Mateo 7:1Bajo Sus Alas: La Bendición que Muchas Veces Pasamos por Alto
Un día, una persona oraba con el corazón lleno de tristeza.
Le decía a Dios:
"Señor, ¿por qué aún no has respondido a mi oración? ¿Por qué tarda tanto aquello que tanto anhelo?"
Su corazón estaba lleno de desilusión. Solo podía ver lo que le faltaba y había dejado de notar todo lo que Dios ya estaba haciendo por ella.
Mientras caminaba, se encontró con alguien que le dijo:
"¿Sabes? Todos los días le pido a Dios tener la paz que tú tienes, un lugar seguro donde vivir, personas que me amen y la esperanza que reflejas en Cristo."
Esas palabras tocaron profundamente su corazón.
En ese momento, el Espíritu Santo abrió sus ojos.
Comprendió que, mientras esperaba una nueva bendición, había olvidado agradecer a Dios por todas las bendiciones que ya había recibido.
Entonces entendió que la abundancia de Dios no se mide solo por lo que nuestros ojos pueden ver o nuestras manos pueden tocar.
La abundancia es Su presencia.
La abundancia es Su paz.
La abundancia es la salvación.
La abundancia es la seguridad de pertenecerle.
La abundancia es saber que vivimos bajo la sombra de Sus alas.
Tal vez hoy tú también estás esperando un milagro o una respuesta de Dios. Pero antes de mirar lo que aún falta, detente por un momento y contempla todo lo que Él ya ha hecho por ti.
Di con todo tu corazón:
"Padre, gracias por abrir mis ojos para ver Tu bondad. Perdóname cuando olvido Tus beneficios. Ayúdame a vivir con un corazón agradecido y a ser una bendición para quienes me rodean. En el nombre de Jesús. Amén."
"Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de Sus beneficios."
— Salmo 103:2
Una vida. Un corazón. Un mandamiento.
Cuando un corazón responde, una comunidad cambia.
Éxodo 20
Soy Suyo
No soy la suma del esfuerzo, Ni el eco de la admiración. No soy el peso de los títulos, Ni guardiana de una misión.
No soy lo que el miedo ha dicho, Ni el silencio que viví. No soy la voz que tiembla— Soy Suyo, no estoy sola aquí.
Soy Suyo, la luz me ha hallado, En la calma antes del sol. Soy sostenida por Su amor eterno, Aun cuando pierdo el control.
No soy lo que la vergüenza susurra, Ni la sombra del ayer. Soy elegida, llamada, amada— Hija de Dios, firme y fiel.
Camino con valor sereno, No para probar, sino para pertenecer. Su nombre reescribe mi historia, Y Su gracia es mi canto de poder.